Reinventarse en la era digital

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Foto: Pixabay

En el mundo globalizado e interconectado en el que vivimos, el conocimiento ha adquirido protagonismo y se ha convertido en un factor esencial para el desarrollo de las sociedades en sus diferentes dimensiones[1]. Puntualmente, el conocimiento se ha constituido en el recurso que le da valor agregado a la producción de bienes y servicios, la inserción sostenible de las economías emergentes y la mejora de las condiciones de vida de los individuos.

A pesar de ello, el conocimiento no es el único factor que juega un papel importante en las actividades cotidianas del ser humano. Desde finales del siglo XX, la implementación de las Tecnologías de la Información y Comunicación[2] (en adelante TIC), han producido, trascendentales cambios a escala mundial, en todo ámbito, desde el empresarial hasta el gubernamental. Desde la forma de organización institucional hasta el proceso de comunicación, de convivencia y aprendizaje.

El campo de las TIC, aún lleno de oportunidades por explotar, está contribuyendo con las empresas en su crecimiento. Es posible afirmar que el conocimiento no es el único valor principal, pues está condicionado a un valor dominante: la innovación[3].

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La adaptación de una empresa a un entorno en el que se transforman constantemente los procesos, los clientes, los mercados y el equipo humano exige modificaciones en la manera de liderar y gestionar.

En Ecuador, su impacto ha sido tan relevante que el Ministerio de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la información (2013), reveló que las microempresas, pequeñas y medianas empresas (Mypimes) utilizan la red de Internet. Esto, para vender productos, servicios, comunicarse a través del correo electrónico o redes sociales.

Este estudio también demostró que “las personas que conforman las Mipymes, ubicadas en Quito, Guayaquil, Ambato, Cuenca, Machala, Manta, entre otras ciudades, creen que el uso de las TIC, como es el uso del Internet, les ayudó a mejorar la gestión de la empresa, con un total de 95%”[1].

Phillip Evans, autor de “Strategy and the New Economics of Information”[2], afirma que “estamos viviendo una reaceleración del cambio tecnológico a pesar de la recesión global…” y que los dos motores de las tecnologías de la información que están restructurando la organización interna de las empresas del mundo son: las estrategias de negocios y las estructuras empresariales.

El primero se refiere a la “desconstrucción de las cadenas de valor”, es decir, que los negocios habitualmente organizados de forma vertical se están descomponiendo y están siendo integrados a nuevos estándares de interoperabilidad. El segundo es la “polarización de las economías de masa”, lo que significa que en varios sectores “las economías de escala y de experiencia están desapareciendo, mientras que en otros se intensifican”. [1]

Cada clic que damos, cada búsqueda que realizamos genera información. Cada rastro que el usuario deja en la web se vuelve revelador, pues muestra sus intereses, gustos, y tendencias. Todos esos millones de datos se almacenan en servidores en alguna parte del mundo. Por ejemplo, “Facebook tiene 1.300 millones de usuarios activos, el 64% de los cuales visita el portal a diario (durante unos veinte minutos). Cada día hay 45.000 millones de «me gusta» nuevos.  Cada año se suben a internet medio billón de fotografías y a YouTube cien horas de video por minuto”.[2]

De hecho, las TIC pueden ser la clave para ganar una elección presidencial. Así lo afirmó Alexander Nix, miembro de Cambridge Analytica, quien detalló que el triunfo de Donald Trump en 2016 ocurrió gracias al análisis masivo de datos y a la publicidad dirigida.

Su estrategia se basó en utilizar los modelos tradicionales de segmentación publicitaria y una vez identificados los agrupó a partir de cada tema de su agenda política, es decir, encontró a todos los electores que estaban a favor de los temas de interés del actual presidente. Trump dirigió sus mensajes perfectamente compuestos por sus perfiles demográficos.

Fot: Pixabay

Las nuevas tecnologías de la información han dado paso a la reconfiguración de los negocios, transformando la organización interna y la arquitectura de las empresas. Están siendo utilizadas para identificar clientes, votantes, futuros compradores, para lanzar nuevos productos o simplemente perfeccionarlos.

Sin embargo, los avances deben ir acompañados de profesionales con capacidad de adaptación para cerrar la brecha entre la creciente cantidad de datos disponibles y la capacidad de usarlos y convertirlos en información útil.

Este proceso debe ser abordado desde diferentes campos. Se requiere una infraestructura adecuada, el análisis de las ventajas y desventajas que puedan aparecer en la estructura organizacional. Asimismo, se necesita un marco regulatorio que promueva y facilite el proceso continuo que implica la innovación, al tiempo que responda a la demanda empresarial de buenas prácticas y de responsabilidad social.

Joselyne García Montesdeoca

ANALISTA – PERSONA

Mail: jgarcia@persona.ec

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